La muerte de un diplomático y la Tercera Guerra Mundial
El embajador ruso en Ankara, Andréi Kárlov y esperando detrás, su asesino.

¿Cuáles son las consecuencias a nivel mundial tras el asesinato del hombre de Rusia en Ankara el 19 de diciembre?

Los traficantes del miedo que predicen la Tercera Guerra Mundial después de que un policía turco asesinara al embajador de Rusia en Ankara pueden relajarse. No va a ocurrir.

Tanto Turquía como Rusia han declarado ya que el asesinato – realizado en protesta por el apoyo de Rusia al brutal dictador sirio Bashar al-Assad – es un “ataque terrorista”, y Putin anunció que el desafortunado incidente no va a “socavar la mejora y normalización de las relaciones ruso-turcas” que se produjo el verano pasado después de que Erdogan se disculpara por el derribo de un avión ruso en su camino de regreso de una misión de bombardeo en Siria por parte de Turquía.

Como dijo en un breve tweet el redactor turco Mustafa Akyol: “No, esto no es Sarajevo 1914,” en una referencia al asesinato del archiduque Francisco Fernando, sobrino del emperador Francisco José y heredero del imperio austrohúngaro, que fue muerto a tiros en Sarajevo, Bosnia – un evento que se dice provocó la Primera guerra Mundial. “Para Ankara y Moscú no habrá guerra. Muy por el contrario, puede incluso acercarles más”.

Sin embargo, aunque públicamente Putin y Erdogan aparecen en la misma página por el incidente, no va a pasar sin consecuencias y concesiones a Rusia procedentes de Turquía.

Hasta ahora, Erdogan se ha movido en una línea muy fina entre su oposición al régimen de Assad en Siria y su profesa oposición al Estado Islámico. En la actualidad, Erdogan facilitó el ascenso de ISIS por la compra o por lo menos por permitir el tráfico de su petróleo de contrabando y la concesión a los combatientes del grupo de un fácil acceso a Siria a través de territorio turco.

A pesar de los ataques terroristas ocasionales y molestos perpetrados por ISIS contra Turquía, cuando llegó el tiempo, Erdogan ya no podía dar la espalda a las potencias occidentales y negarse a unirse a la lucha contra el ISIS, el presidente turco aprovechó la oportunidad para bombardear a los kurdos (cuya agitación persistente de los derechos humanos y autonomía son una espina constante para los sueños de un imperio otomano renovado que tiene Erdogan).

El respaldo a Assad de Rusia ha puesto a Turquía en una posición difícil. Incapaz de oponerse a la superpotencia, Erdogan ha tenido que reducir sus propias maquinaciones en el conflicto.

Este último incidente es muy probable que la fuerce a Erdogan a inclinarse aún más bajo Putin (lo que pone las preocupaciones de Occidente – ya estudiadamente ignoradas por Erdogan – casi completamente a un lado).

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“Erdogan se dará cuenta de que su mano con los rusos es aún más débil que nunca y uno puede estar seguro de que Putin ordeñará esto tanto como le sea posible a puertas cerradas al tiempo que ofrecerá en público alabanzas sobre sus invariables relaciones.

“La única cosa a decidir es el precio que Erdogan tendrá que pagar”, dijo Henri Barkey, director del programa de Oriente Medio en el Instituto Woodrow Wilson en Washington, en declaraciones a The Washington Post.

Explicado simplemente por Selim Sazak, un investigador del think tank Century Fundation, “El juego de Turquía en Siria ha terminado.”

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